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No pienses en un autobús naranja

George Lakoff nos avisa muy académicamente de que, una vez metidos hasta las trancas en un charco, es muy complicado salir de él. Cuando se nos dice que no pensemos en un elefante, inmediatamente empiezan a desfilar por nuestra cabeza paquidermos de larga trompa y enormes orejas. El pensador nos alertaba contra las tácticas comunicativas que crean este tipo de marcos de referencia. Enfangados en ellos, la ventaja es de quien plantea los límites y dirige nuestra atención hacia determinados asuntos.

Algo así han conseguido, quizás de forma casual, los promotores del nefando autobús que difunde, cual verdad revelada, una supuesta conspiración del lobby gay para manipular las mentes de los niños en los colegios públicos. Y laicos. Probablemente ninguno de nosotros ha visto en la vida real el dichoso autobús, pero su inmovilización y la amenaza de una lluvia de denuncias contras quienes han ideado el exabrupto ha tenido como consecuencia minutos y minutos en televisiones y radios. Que es, en el fondo, de lo que trata todo esto.

Puede que los guardianes de la moral y la salud sexual ajenas se estén frotando las manos ante la difusión mediática de sus paranoias y, de hecho, anuncian que están dispuestos a multiplicar los autobuses, sin caer en la cuenta de que recurrir a la clonación desmadrada y artificial debería parecerles, digo yo, abominable.

Todo sea porque la cosa funciona mediáticamente. Es como el Partido Popular pidiendo la libertad del venezolano Leopoldo López en los plenos de villas y villorrios. Si no tuviera tanta repercusión la división de voto que provoca el asunto en sitios como el Ayuntamiento de Madrid, el tema dejaría de tener gracia. Incluso quizás empezarían a pensar en no arrimarse tanto a semejante personaje.

Pero la tentación es muy fuerte. Porque una vez que el bicho se pasea libre por el salón o la cacharrería de nuestro cerebro, toda la atención se vuelca en él. Una vez inoculada en la mente, resulta imposible borrar de ella la imagen de Leopoldo López con gorra tricolor y a lomos de un elefante en rumbo de colisión contra un autobús homófobo y naranja.

Publicado en Nueva Tribuna

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