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El sueño es ahora

Alejandro desea servir como marine, pero carece de número de la Seguridad Social. José tiene un título en ingeniería mecánica, inútil sin permiso de trabajo. Ola investiga en un laboratorio universitario, pero su próximo destino puede ser la deportación.

Sin papeles, bajo la amenaza de expulsión y privados de acceso al empleo, estos jóvenes son la punta de lanza de un movimiento que reclama no sólo su regularización, si no la de cerca de once millones y medio de indocumentados que residen ilegalmente en Estados Unidos.

La reforma de las leyes migratorias, notablemente endurecidas desde finales de los años 90, es un compromiso adquirido por el presidente Obama desde su primera legislatura. Ha habido intentos en ese sentido, como la redacción en 2006 de la Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors Act). El objetivo era normalizar la situación de aquellos indocumentados que, siendo menores de edad, entraron en el país acompañando a sus padres inmigrantes. Los tropiezos en su tramitación llevaron a Obama a anunciar hace un año el freno a las deportaciones mientras no se alcanzara un acuerdo global y bipartidista sobre inmigración.

De la “Dream Act” al “Grupo de los 8″
El actual anteproyecto a debate recoge el espíritu de aquella Dream Act, avivado por las victorias parciales de los inmigrantes en los tribunales frente a normas restrictivas, como las impulsadas en 2010 en Arizona. Pero la aprobación de la ley necesita de acuerdo entre quienes ven en ella una forma de amnistía general, los que quieren reforzar primero el control de las fronteras y aquellos que consideran irrenunciable dar cobertura legal a los inmigrantes sin papeles.

El llamado “Grupo de los Ocho”, senadores republicanos y demócratas autores del anteproyecto,  se ha conjurado para que la reforma sea una realidad antes del 4 de Julio. La fecha, además de su simbolismo, pretende evitar que las negociaciones se interrumpan con el receso legislativo del verano.

La propuesta, defendida por demócratas como Schumer o Menéndez y republicanos como McCain o Rubio, incluye la petición de un camino de acceso a la ciudadanía para los inmigrantes sin antecedentes criminales, el refuerzo de la seguridad fronteriza, un sistema de verificación de identidad junto a un mayor control sobre la contratación y cambios en el sistema de visados de trabajo.

Dreamers y gurús
Cuentan con el apoyo de los “Dreamers”, aquellos que llegaron sin papeles siendo niños, y el de algunos otros grupos de presión, singularmente empresarios del mundo de las nuevas tecnologías. La viuda de Steve Jobs, Laurene Powell, es la mecenas del proyecto “The Dream is on”, una campaña de sensibilización basada en los testimonios de los jóvenes inmigrantes indocumentados. Alejandro, José y Ola, son vidas anónimas a los que este movimiento pone rostro,  con iniciativas como la difusión de un vídeo documental dirigido por el cineasta Davis Guggenheim.

A esa campaña se ha sumado otro poderoso grupo. Bajo el nombre de Forward y encabezado por el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, la iniciativa ha recabado el apoyo y soporte de responsables o ex directivos de algunas de las mayores empresas de tecnología del país: Bill Gates y Steve Balmer (fundadores de Microsoft), Reid Hoffman (LinkedIn), Drew Houston y Ruchi Sanghvi (Dropbox), Sean Parker (Napster), Steve Chen (Youtube), Marissa Mayer (Yahoo) o Eric Schmidt (Google) se encuentran entre ellos.

Abogan por una reforma que, asegurando las fronteras, facilite la obtención de la ciudadanía a los inmigrantes indocumentados, atraiga al país a los mejores en cada campo del conocimiento y simplifique su entrada y obtención de residencia. Recuerdan que Estados Unidos se ha construido históricamente sobre el ingenio y el empuje de los inmigrantes y que de ellos depende seguir creando riqueza. Hasta 329.000 millones de dólares y 1,5 millones de puestos de trabajo para 2030, según un informe del Center for American Progress.

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